lunes 14 de septiembre de 2009




Tú me dices, yo te digo: Y así empieza nuestra guerra cotidiana
Yo me armo de adjetivos, tú conjugas el peor de mis pasados.
Y te apunto donde duele, y te acuerdo el peor de tus pecados
Tú reviras la ofensiva y disparas donde sabes que haces daño,
y en el campo de batalla quedan muertos los minutos que perdemos.
Tú me dices, yo te digo y así acaba nuestra guerra cotidiana
Esta guerra sin cuartel que nadie gana...
Por qué hablamos? Y no usamos ese tiempo en darnos besos?
En pintarnos con las manos las caricias que queremos
y que no nos damos porque siempre hablamos
De lo tuyo y de lo mío, del pasado y los culpables
Mientras muere otro minuto porque hablamos.

Ya te dije que no es cierto, ya dijiste que tú no eres lo que digo
Nadie cree, nadie acepta: cada quién defiende su utopía
y el fantasma de la duda se abre paso en la frontera del futuro
y el presente moribundo se consuela con lo poco que nos queda
Y te quiero, y me quieres pero somos más idiotas que sensatos
Y aparece otro día y nos van quedando yagas incurables
De esta maldita enfermedad de hablar de más.

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